SED MISERICORDIOSOS, COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO

Charla pronunciada el día 16 de julio de 2016 en el Monasterio de la Sagrada Familia. Carmelitas descalzas de La Granja de san Ildefonso (Segovia)

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A modo de introducción diré que me resulta muy difícil hablar de la misericordia y ello es por dos motivos.

El primero, porque la misericordia forma parte de la experiencia profunda del cristiano y de las experiencias espirituales no es fácil hablar cuando son verdaderas.

El segundo motivo por el que no me ha resultado nada fácil preparar esta charla es precisamente porque estamos en el Jubileo de la misericordia. ¡Como si ahora tocase celebrar la misericordia de Dios y en otra oportunidad tocase otra cosa! ¡Como si la misericordia de Dios no fuera el centro de la vida del cristiano todos los días de todos los años!

Al hablar de la misericordia corremos el riesgo de quedarnos superficialmente en dos aspectos. De una parte el perdón de los pecados y, por consiguiente, en el Sacramento de la Reconciliación y, de otra parte, las obras de misericordia.

Pero esto no expresa suficientemente lo que realmente significa la misericordia de Dios. Por eso me voy a limitar casi exclusivamente a dejar hablar a los textos bíblicos. Dejar que Dios nos diga quién es y qué quiere de nosotros.

Comenzaré por el Antiguo Testamento porque, contra lo que algunos piensan, Dios se muestra ya en él como padre lleno de ternura.

I. LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 Para describir la misericordia de Dios, el Antiguo Testamento utiliza sobre todo dos términos.

  1. Las entrañas de Dios

El primero de dichos términos es “rohamim” (רחמים), hace referencia a las entrañas y expresa el apego instintivo de un ser a otro.

Raffaello_Sanzio_-_The_Judgment_of_Solomon_-_WGA18836.jpgTodos ustedes recordarán la astucia del rey Salomón al dirimir la cuestión entre dos mujeres que acababan de dar a luz y ambas afirmaban ser la madre del niño vivo. El rey dijo: «Partid en dos al niño vivo y dad una mitad a una y otra a la otra». Salomón descubrió a la auténtica madre en la mujer que, para salvar a su hijo, prefirió que fuera entregado a la otra mujer y el texto dice expresamente: “porque sus entrañas se conmovieron por su hijo” (1 Re 3,26).

Éste término que se utiliza para referirse a las entrañas de una madre es el mismo que encontramos referido a Dios, por ejemplo en Jer 31,20 cuando dice:

“¿Es un hijo tan caro para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme – oráculo de Yahveh -.”

En el Antiguo Testamento es frecuente que se atribuyan “sentimientos” a Dios. Dios se conmueve, siente ternura, siente también ira y tiene “entrañas de misericordia”. Dios ama a su pueblo de una forma apasionada. Dios vive con intensidad su relación con el pueblo de Israel.

  1. La fidelidad de Dios

El segundo término para expresar la misericordia de Dios es el término hebreo “hesed” (חסד) que las versiones castellanas traducen indistintamente por misericordia o por amor. Así, por ejemplo, el primer versículo del salmo 107 unas versiones de la Biblia lo traducen así:

“Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor”.

Y otras de esta otra forma:

“Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Y es que, aunque los términos amor y misericordia no son sinónimos, lo cierto es que no hay amor sin misericordia, ni misericordia sin amor. Salvo en el caso de nuestro amor a Dios, porque Dios no carece de nada. No así el amor de Dios hacia nosotros.

El término hesed lleva consigo la idea de fidelidad. No se trata ya de un afecto instintivo, sino que tiene unas connotaciones de voluntariedad moral. La misericordia de Dios hacia su pueblo no es un sentimiento momentáneo, sino un compromiso en fidelidad.

En el A.T., la misericordia de Dios es la respuesta del Amor de Dios ante las miserias de su pueblo. Así, por ejemplo, en el libro de los Jueces leemos:

“(…) porque Yahweh era movido a misericordia por sus gemidos [los gemidos de su pueblo] a causa de los que los oprimían y afligían” (Jue 2,18)

Ésta es la razón por la cual los hombres piadosos tienen la convicción inquebrantable de que no serán abandonados por Dios en sus desgracias. De este modo la misericordia y la fe en la providencia divina no son sino las dos caras de una misma moneda.

No es de extrañar la importancia que en la memoria colectiva de Israel tiene el Éxodo. El pueblo de Israel experimenta la misericordia de Dios en su historia y por eso puede estar seguro de que su vida está en las manos de Dios. Recíprocamente, es solamente desde la fe desde donde el pueblo de Israel puede leer adecuadamente los acontecimientos de la historia para descubrir en ellos la misericordia de Dios.

779px-Rembrandt_Harmensz._van_Rijn_079Más adelante esta misericordia vendrá explicada por la fidelidad de Dios a la Alianza con “su” pueblo. Se establece de esta manera una relación de sangre. Israel pasa así a ser “linaje” de Dios.

Esta ternura de Dios se manifestará de forma especial cuando Israel peque contra Dios rompiendo de este modo unilateralmente la Alianza.

Y es importante señalar que en el mismo texto en el que se habla de la misericordia de Dios se habla también de castigo.

Después del relato en el que el pueblo de Israel traiciona a Yahweh y su Alianza (tablas de la Ley) construyéndose un becerro de oro, Moisés vuelve al Sinaí con unas nuevas tablas y dirigiéndose a Dios con estas palabras:

 «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.» (Exodo 34,6-7)

Es importante subrayar que en el mismo texto se habla de misericordia, de amor y de perdón, pero no de impunidad: “perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes”. El texto no menciona la justicia. No se trata de una contraposición entre justicia y misericordia. En el A.T. el castigo al pecado es visto como la pedagogía de Dios con su pueblo. Y la pedagogía es fruto del amor. Ver el castigo divino como una especie de venganza sería tener una imagen muy pobre de Dios. Éste no es, desde luego, el espíritu de la Biblia. A Dios le duele el pecado de su pueblo y le duele también el castigo. El castigo no está ni mucho menos reñido con el amor. Frecuentemente sucede lo contrario. Quienes tenéis hijos sabéis que educar no es decir a todo que sí y que lo fácil es hacer la vista gorda.

Vemos así que, al menos en el Antiguo Testamento, la misericordia nada tiene que ver con la manga ancha o la indiferencia.

Por otro lado, vemos que a Dios le duele castigar a su pueblo y que se llena de conmiseración en cuanto el pueblo clama a Él desde el fondo de su miseria.

Así, por ejemplo, el libro de Oseas nos muestra a Dios estremecido por el castigo que no le queda otro remedio que infligir a su pueblo:

«¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como a Admá, y hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.» (Oseas 11,8-9)

Contra lo que algunos piensan, el A.T. no nos muestra –ni mucho menos- un Dios lejano. Todo lo contrario. En el A.T. se nos presenta a Dios con características radicalmente humanas. “Mi corazón está en mí trastornado”. Dios sufre con el sufrimiento de su pueblo, diríase que el castigo le duele a Dios más que al pueblo.

Dios «no guarda rencor eterno» (Jer 3,12s.), pero quiere que el pecador reconozca su malicia; lo que Dios quiere es la conversión del pecador:

«Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar. » (Isaías 55,7)

Todos sabemos lo difícil que es reconocer que estamos obrando mal cuando las cosas nos van bien. Todos sabemos que son generalmente los fracasos los que nos hacen madurar. Por eso sería necedad pensar que la misericordia de Dios nos exime de asumir las consecuencias de nuestros actos.

La misericordia de Dios no conoce más límite que el endurecimiento del pecador:

«No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto, donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mis obras.

«Cuarenta años me asqueó aquella generación, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen. Y por eso en mi cólera juré: ¡No han de entrar en mi reposo!» (Sal 95,8-11)

En todo caso, la misericordia de Dios está siempre abierta al pecador:

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. Porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.» (Sal 103,8-9.13-14).

Todo el Antiguo Testamento y, de forma especial, los salmos y los escritos proféticos nos muestran a Dios como padre entrañable y misericordioso. Aunque en ocasiones pueda parecernos severo, no olvidemos que una cosa es “amar” y otra muy diferente “consentir”.

II. LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO

Después de ver cómo el Antiguo Testamento nos muestra un Dios amoroso y paternal, debemos preguntarnos en qué consiste la novedad radical del Nuevo Testamento.

Antes de nada hay que decir que la Revelación es progresiva y que no es posible una recta interpretación del Nuevo Testamento haciendo tabla rasa del Antiguo Testamento[1]. Cristo no ha venido para abolir la Ley y los Profetas, sino a dar cumplimiento (cf. Mateo 5,17). Cristo es culmen y plenitud de la Revelación, novedad radical, pero no a nuestro modo, sino al modo de Dios. Dios no necesita destruir para hacer nuevas todas las cosas.

  1. La novedad del Nuevo Testamento

a) La misericordia alcanza a todos los hombres

mundo 1Lo primero que hay que decir es que lo nuevo no es la misericordia, sino el ofrecimiento de esta misericordia a todos los hombres. El pueblo de Israel tuvo el privilegio de descubrir a Dios como padre amoroso cuyas entrañas se conmueven ante el sufrimiento de su pueblo. Pero tendría que llegar el Nuevo Testamento para revelar que Dios no es propiedad de un pueblo, que el linaje de Dios no viene por el nacimiento o la herencia, sino por la Gracia de Dios y es invitación universal.

Es san Pablo quien expresa con mayor claridad de qué forma se muestra en Cristo la plenitud de la misericordia divina.

Porque los judíos creían que podían alcanzar la justicia por medio de la Ley, es decir, por medio del cumplimiento de la Ley. Ocurre, sin embargo, que la Ley había llegado a ser tan compleja que era prácticamente imposible no ya practicarla, sino incluso conocerla en todos sus detalles.

Dice así san Pablo:

«En efecto, así como vosotros fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía, así también, ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a vosotros, a fin de que también ellos consigan ahora misericordia. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia.» (Rom 11,30-32).

Es decir que, habiendo el pueblo judío rechazado a Jesús, el Evangelio es predicado a los gentiles –es decir, nosotros- y así recibieron la salvación aquellos que no tenían mérito alguno y, al revelarse los judíos contra la misericordia de Dios, del mismo modo que hizo el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, han dejado de ser justos y, por consiguiente, ahora todos necesitan de la misericordia.

Para quien piense que este texto es un tanto difícil de entender, digamos que san Pablo era consciente de ello y por eso el texto continúa así:

«¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos! En efecto, ¿quién conoció el pensamiento de Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa? (Rom 11,33-34)

b) Quien me ha visto a mí ha visto al Padre

descarga (3)Esta invitación universal nos ha sido ganada por el mismo Dios hecho hombre en Jesucristo. En orden al tema que nos ocupa, que no es otro que descubrir el designio amoroso de Dios para con nosotros, eso significa que Dios ya no se vale de intermediarios para comunicarse con los hombres. Jesús no es un profeta, Jesús es el mismo Dios y, por consiguiente, es en las palabras y en las obras de Jesús donde nosotros podemos conocer cómo es Dios.

Como leemos en la carta a los Hebreos:

«Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos» (Heb 1,1-2)

O, como leemos en el Evangelio según san Juan:

“quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).

Veamos, pues, cuál es la imagen de Jesús que nos muestra el Nuevo Testamento.

  1. La obra de la Redención

A alguno le parecerá quizás extraño que empecemos por lo que podría parecer el final. Sucede, sin embargo que, al hablar de Jesús, el final no es el punto donde todo termina, sino a donde todo se dirige. Y esta finalidad no es otra que la obra de la Redención. Ése es el contexto de todo lo que digamos a continuación.

Veamos, entonces, lo que nos dice la carta a los Hebreos:

«Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación. » (Hebreos 2,10)descarga

A la hora de hablar de la misericordia de Dios no podemos perder de vista la cruz. Cuando se olvida lo caros que le costaron a Jesús nuestros pecados, corremos el riesgo de no tomarnos en serio nuestra fe cristiana.

Lo hemos proclamado tantas veces que corremos el peligro de que nuestras palabras sean vacías cuando decimos que Cristo murió por nuestros pecados. Si nos tomásemos en serio la Redención, lloraríamos por nuestros pecados igual que la pecadora de la que habla san Lucas (Lc 7,36-50).

Jesús quiso «hacerse en todo semejante a sus hermanos», a fin de experimentar la miseria misma de los que venía a salvar.

Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.» (Hebreos 2,17-18)

No hay mayor prueba de la misericordia divina que el hecho de la Encarnación. Hacerse uno de nosotros es el acto supremo de la misericordia que ilumina todo el hacer de Jesús durante su vida mortal.

  1. El comienzo de la predicación: el anuncio de la Buena Nueva

En el Evangelio según san Marcos, la predicación de Jesús comienza con las palabras siguientes:

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»

En el Nuevo Testamento no se dice qué es el Reino de Dios y, debido a que los evangelios utilizan indistintamente los términos Reino de Dios y Reino de los cielos, muchos cristianos lo identifican sin más con el cielo. Sin embargo, identificar el Reino de Dios con el cielo equivale a “puentear” ilegítimamente el sufrimiento de tantos semejantes nuestros a los que nosotros estamos llamados a ayudar.

Por otra parte, hay que decir que, para los oyentes de Jesús, el término no era desconocido. Decirles a los judíos “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” era lo mismo que decirles: “yo soy el Mesías, convertíos y creed en mí”.

Este Reino de Dios ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento, hacía referencia al Mesías y consistía en un reino de paz:

«Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.

el-leon-de-la-tribuSerán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.» (Isaías 11,1-9)

Jesé era el padre de David, por eso decir: “saldrá un vástago del tronco de Jesé” es lo mismo que decir que surgirá “un nuevo David”. La alusión a la justicia para los débiles y para los pobres no es casual. El Reino de Dios prometido al pueblo judío es un Reino en el que los poderosos no abusarán de los débiles. Nadie temerá, porque todos se respetarán. Tiene un fuerte simbolismo que se diga que tanto el león como los bueyes comerán paja. Es decir, no se comerán unos a otros. Y eso sucederá porque “la tierra estará llena de conocimiento de Yahweh.

Podemos ver cómo los evangelistas san Mateo y san Lucas, que son mucho más explícitos que san Marcos, van en esta línea cuando examinan el significado de la Buena Nueva.

Así, en el evangelio según san Lucas, la predicación de Jesús comienza en la Sinagoga cuando Jesús es invitado a leer y comentar un texto del profeta Isaías:

Torah_and_jadLe entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.

Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy(Lucas 4,17-21).

Jakarta_slumlife31.JPGJesús es el cumplimiento de las promesas. Y esas promesas son una buena noticia para todos aquellos que se encuentran en una situación de marginación o de opresión: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. Hoy en día podríamos traducirlo así: “yo he venido a dar trabajo a los parados, a dar casa a los desahuciados, a acoger a los refugiados…”.

Una descripción semejante volvemos a encontrarla poco después. Cuando Juan (el Bautista) manda a sus discípulos para que le pregunten a Jesús si es el Mesías, Jesús les responde:

Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» (Lucas 7,22-23).

Las palabras de Jesús tuvieron que caer como una losa sobre sus oyentes. Dichoso aquél que no halle escándalo en mí. Jesús no se dirige a la gente respetada de Israel, sino a aquéllos que buscan misericordia. Y la respuesta de Jesús es, en primer lugar, aliviar su sufrimiento aquí en la tierra.

  1. La compasión de Jesús

Los evangelios sinópticos (especialmente Mateo y Lucas) están llenos de textos en los que Jesús va compadeciéndose de las situaciones dramáticas de las gentes con las que se iba encontrando.

Jesús siente compasión de la gente:

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9,35-36)

Y, en particular, por cada una de las situaciones que se encuentra a su paso. En especial por aquellas en las que alguien se encuentra en una situación de mayor precariedad, como podía ser en Israel la de una viuda sin hijos:

Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad.

Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.»

Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» (Lucas 7,11-14)

descarga (4)Para el tema que nos ocupa, no interesa el aspecto milagroso de los actos de Jesús, sino ese tener compasión del sufrimiento ajeno. Jesús ejemplariza el comportamiento del buen samaritano y eso tiene una gran importancia desde el punto de vista del seguimiento. Milagro no es la ruptura de las leyes de la naturaleza, mucho más milagroso es con frecuencia que las personas se apiaden unas de otras.

Jesús muestra su piedad para con todos y, por eso, no es de extrañar que muchos se dirijan a él clamando: ¡Señor, ten piedad!

  • Una mujer cananea:

En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» (Mt 15,22)

  • El padre de un epiléptico:

Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.» (Mateo 17,14-16)

  • Dos ciegos:

En esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!» La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David(Mateo 20,30-31)

  1. No he venido a llamar a justos sino a pecadores

Pero Jesús no muestra su cercanía únicamente hacia el sufrimiento físico. Jesús tiende su mano también a los pecadores.

Cuando a Jesús le recriminan los fariseos por ser amigo de publicanos y pecadores, Jesús responde: “no he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores”.

5934f2_jesus-samaritanaLos fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores(Lucas 5,30-32)

Dios Padre ha enviado a su Hijo para salvar a los seres humanos de su miseria y no hay mayor miseria que el pecado y la muerte. Las parábolas de la oveja perdida (Lc 15,4-7) de la dracma perdida (Lc 15,8-10) o del hijo pródigo (Lc 15,11-31) muestran la alegría de Dios por la conversión de un pecador:

Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión. (Lc 15,7)

Esto nos puede dejar a nosotros tan perplejos, o incluso tan molestos, como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. ¿Qué pasa entonces con aquellas personas que llevan muchos años intentando ser fieles a Dios? La respuesta nos la da la misma parábola:

«Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; (Lc 15,31).

En este punto conviene advertir que no es que Dios no haya venido a buscar a los justos, sino que no ha venido a salvar a aquellos que se consideran a sí mismos justos. Que no es lo mismo. Porque el reconocimiento de la propia miseria es condición imprescindible para obtener misericordia.

Como leemos en la primera carta de san Juan:

Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros. (1 Jn 1,8-10)

Todos somos pecadores y quien se considere justo se está mintiendo a sí mismo. Basta con echar una mirada en rededor. Si vemos con tanta facilidad las faltas de los demás, cabe suponer que los demás se ven continuamente obligados a sufrir las nuestras, incluso aquellas de las que no nos damos cuenta.

images (2)«¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.» (Lucas 6,41-42)

Es bastante frecuente en personas piadosas que andan preocupadas con minucias propias y ajenas, al tiempo que pueden estar pasando por alto cosas mucho peores. Eso sucede porque las personas solemos marcarnos unos ideales, de tal manera que cualquier desajuste en esas metas que nos hemos marcado hace que nos sintamos mal. Y esto es perfectamente compatible con una tremenda falta de empatía para con los demás. Podemos estar pendientes de “nuestras faltas” al tiempo que estamos siendo un auténtico “purgatorio” para aquellos que conviven con nosotros. Por eso es importante pedir perdón, no ya por aquellas faltas que nos mortifican, sino también por todo aquello que hacemos sin darnos cuenta, pidiendo a Dios que cure nuestra ceguera.

Más aún, aun suponiendo que alguien cumpla siempre escrupulosamente con todas sus obligaciones y sea extremadamente cuidadoso en el respeto a los demás, está el pecado de omisión, donde no existe límite en el bien obrar. Siempre está el egoísmo, siempre está la falta de compromiso, el hacernos los distraídos para no pringar o para ser políticamente correctos, para que no nos miren mal…

¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. (Lucas 6,26).

Todos, pues, debemos reconocernos pecadores a fin de participar todos en la misericordia (Rom 11,32).

  1. El seguimiento de Cristo

Esta misericordia que Dios ha usado con nosotros y esta misericordia que Jesús usó en los días de su vida mortal para con todos aquellos que le necesitaban, nos está mostrando el camino de la salvación.

La perfección que Jesús (Mateo 5,48) exige a sus discípulos consiste en el deber de ser misericordiosos “como vuestro Padre es misericordioso”.

«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá (Lucas 6,36-38)

Con la medida que midamos se nos medirá o, como leemos en las Bienaventuranzas según san Mateo:

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.»  (Mateo 5,7)

Ésta es condición esencial para entrar en el Reino de los cielos. En ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos otra condición de ser salvados, sino creer en Cristo y tener como Él entrañas de misericordia.

hqdefault (1)Y quiero subrayar que no estoy hablando de cumplir con las “obras de misericordia”. Éstas, de suyo, no son garantía de ser verdaderamente misericordiosos. Porque la verdadera misericordia no nace de la obligación, sino del amor. Quien realiza actos de caridad tratando de contabilizarlos, seguramente será una persona muy religiosa, pero en realidad no ha entendido la novedad del Evangelio.

La misericordia es hacerme –a semejanza del buen Samaritano (Lc 10,30-37)-, prójimo de aquél a quien encuentro en apuros. Hacerse prójimo no es dar una limosna, sino hacerse próximo. No tener miedo de los pobres, ni de los inmigrantes, ni de los refugiados. Acercarnos a quienes seguramente son nuestros vecinos con naturalidad. No ir por la vida con anteojeras, nos permitirá ver lo que sucede en las cunetas de nuestra vida.

Ser misericordiosos es hacer esto con el convencimiento de que no estamos haciendo nada de extraordinario, sino que estamos únicamente haciendo una mínima parte de lo que Dios ha hecho por nosotros. Y lo mismo cabe decir del perdón de las ofensas:

«Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.”

Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: “Paga lo que debes.” Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.” Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.

Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.

Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?”Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano (Mateo 18,23-35)

Por extraño que pueda parecernos, en el Juicio final sólo nos examinarán acerca de nuestra misericordia: “porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber…” (Mateo 25,31-46).

En definitiva, que, al final de lo único que nos examinarán será del amor:

«Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»

Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.» (Mateo 22,34-40)

O, en palabras del cuarto evangelista:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. (Jn 13,34)

En qué consiste este amor nos lo dice el mismo Juan en su primera carta:

Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? (1 Jn 3,17)

El amor a Dios se prueba en el amor al necesitado. Por sus obras los conoceréis. Por la actitud de nuestro corazón, por nuestra forma de actuar ante las personas que nos rodean, por nuestra forma de reaccionar ante el sufrimiento ajeno. Personal y comunitariamente.

III. PARA CONCLUIR

  1. La misericordia de Dios para con nosotros

La misericordia de Dios para con nosotros tiene dos aspectos.

El primero se refiere a nuestras necesidades de todo tipo y ésta forma de misericordia de Dios para con nosotros es lo que solemos llamar la Providencia divina. Dios está continuamente sosteniendo la Creación con su providencia amorosa. De una forma especial, Dios escucha la oración de sus fieles y los socorre.

El segundo aspecto se refiere, como no podía ser de otra forma, al perdón de los pecados y a la promesa de la Vida Eterna.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
(Sal 103,3-4)

Ahora bien, hoy en día está bastante extendida la opinión de que esta misericordia de Dios viene a ser algo así como la garantía de aprobado general para toda la humanidad. Ante esto se me ocurren, entre otras, las siguientes preguntas:

  • El perdón de Dios es gratuito, pero ¿cómo puede Dios perdonar a quien no pide perdón?
  • Si Cristo ganó en la Pascua la salvación para todos los hombres sin excepción (crean o no crean, hagan lo que hagan, pidan perdón o no lo pidan), ¿qué necesidad hay entonces de la Iglesia? Más aún, ¿en qué consiste entonces esa salvación? ¿no estaríamos entonces cayendo en una especie de nuevo docetismo como si los años que pasó Jesús entre nosotros fueran del todo irrelevantes?
  • ¿Cómo habría que entender entonces las palabras de Jesús: «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran. (Mt 7,13-14)
  • Finalmente, si los Evangelios son tan claros al decir que la condición de la misericordia es el ser misericordiosos con nuestros hermanos, ¿acaso estamos rechazando la Palabra de Dios para hacernos un Evangelio a la medida, pues según parece Dios es tan misericordioso que en realidad da lo mismo lo que hagamos nos vamos a salvar igual?

  1. Nuestra misericordia para con los demás

Como nos dice san Agustín, “en la Iglesia hay dos clases de misericordia[2], y una de esas formas es gratis “y consiste en perdonar a quien te ofendió. Para dar esta limosna tienes el tesoro en tu corazón: en él resuelves el asunto en presencia de Dios”[3]

Respecto a la otra clase de misericordia, es nuevamente S. Agustín quien nos dice:

«La misericordia trae su nombre del dolor por un miserable: la palabra incluye otras dos: (…) miseria y corazón. Se habla de misericordia cuando la miseria ajena toca y sacude tu corazón. (…) Por ejemplo: das pan a un hambriento: ofrécele tu misericordia de corazón, no con desprecio; (…) Si amamos a Dios y al prójimo, no hacemos nada de esto sin dolor del corazón(Sermón 358 A, 1).

Dicho de otra forma, la misericordia es expresión del amor. Algunas veces se nos ha dicho que el amor no es un sentimiento, pero esto no es del todo cierto. Es verdad que, como nos dice san Ignacio en sus ejercicios espirituales, el amor hay que ponerlo más en los hechos que en las palabras, pero si el sufrimiento ajeno no nos conmueve, entonces no hemos conocido la misericordia, por muchas limosnas que demos o muchos voluntariados en los que estemos.

Digamos finalmente que no hay nada que una más que la misericordia compartida comunitariamente.

Y aquí no puedo por menos que mencionar siquiera a los refugiados sirios a los que este invierno hemos visto atravesar a pie media Europa y de los que todo el mundo parece haberse olvidado ya a pesar de que el Papa ha estado pidiendo que fueran acogidos por comunidadedescarga (1)s cristianas.

Ahora bien, acoger comunitariamente no significa buscar –y en su caso presionar- a personas o familias cristianas para que los acojan en sus casas sin darles otra cosa que un poco de adulación. Eso no es acoger comunitariamente, eso es lavarse la mala conciencia con el sacrificio de los demás.

Acoger de forma comunitaria sería pagar a escote el alquiler de una vivienda y ofrecer a esas personas –de forma comunitaria- un apoyo en forma no sólo de comida, sino también de relación personal: no sólo visitarles, sino también invitarles a comer por las casas. Esto no sólo sería fácil para cualquier parroquia, sino que sería una forma magnífica de decir nuevamente a los hombres: “convertíos y creed en la Buena Nueva”.

[1] Algunos cristianos piensan que el Antiguo Testamento muestra un Dios lejano y vengativo, mientras que en el Nuevo Testamento se nos presentaría un Dios cercano y benevolente. Se trata de una herejía antigua.

[2] Sermón 259,4

[3] Ibidem

LA IGLESIA ESPAÑOLA SE JACTA DE SER UNA FUENTE DE RIQUEZA (MATERIAL) PARA NUESTRO PAÍS

El Sr. D. Fernando Giménez Barriocanal es Vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE (Conferencia Episcopal Española) y la entrevista se llevó a cabo el 10 de junio de 2016 en el programa que lleva por título “El Cascabel” en el canal de televisión 13tv, cuya propiedad la ostenta de forma mayoritaria la CEE. Por otra parte, el Sr. Giménez no estaba en dicho programa a título privado, sino precisamente para presentar un libro en el que la Iglesia española rinde cuentas de su gestión económica.

El vídeo que aquí les presento es un fragmento que dura solamente 2 minutos, pues es éste el asunto que queremos tratar aquí. Quien desee escuchar la entrevista entera, puede encontrarla aquí.

Y lo que el Sr. Giménez dice con claridad –mientras los periodistas presentes le corean- es que la Iglesia genera para el Estado español, es decir, para todos los españoles –sean creyentes o no- una riqueza que supone un porcentaje significativo del PIB. Concretamente el aspecto sacramental (bautizos, bodas, comuniones, etc.) genera medio punto del PIB y las fiestas un punto del PIB. A eso hay que añadir las actividades culturales con otros dos puntos. Todo eso, sumado, daría un 3,5% del PIB.

No se habla aquí de los servicios que la Iglesia presta en el campo de la enseñanza o de la sanidad. De eso se habla más adelante. Aquí se habla de una riqueza en términos exclusivamente económicos, aunque se señala el carácter “cultural” de estos saraos. Y, aunque entendemos que la palabra cultura está referida aquí a las tradiciones de nuestro pueblo, no debería ser necesario recordar a nuestros pastores que su misión es transmitir la fe en Cristo, no colaborar a su descrédito.

Es importante subrayar que las afirmaciones del Sr. Giménez no son una desafortunada ocurrencia, sino que están avaladas por un estudio externo encargado a tal efecto por la propia CEE, justamente con la finalidad de resultar más fiable. Nada más lejos de mi intención discutir la validez de estas cifras. Está claro que la Iglesia genera un enorme negocio a su alrededor, especialmente en el sector de la hostelería.

La consideración que traigo hoy aquí no tiene nada que ver con las cifras económicas, sino más bien con la pregunta que está en el nacimiento mismo de este blog. ¿Qué significa ser cristiano o/y pertenecer a la Iglesia católica? En este caso voy a analizar lo que todos ustedes han podido escuchar en el vídeo.

Y, para ello, hablaré de dos de los tres aspectos que señala el Sr. Giménez: las fiestas y los Sacramentos.

Las fiestas

Pamplona_-_Iglesia_de_San_Lorenzo,_Capilla_de_San_Fermín_4Empezaré por lo que tiene una importancia secundaria desde el punto de vista de la fe: las fiestas patronales. Ya que en el programa televisivo se mencionan expresamente las fiestas de san Fermín, nos centraremos en ellas. Que dichas fiestas tienen una fama considerable fuera de nuestras fronteras es algo fuera de toda duda. Que generen cuantiosas ganancias para la ciudad de Pamplona, es algo que cabe suponer, aunque ignoro las cifras. Ahora bien, qué tienen que ver estas fiestas con el cristianismo, es algo que yo sugeriría como tesina de licenciatura a algún clérigo de esos que buscan un tema fácil para sacarse el título por la mínima.

Dicha tesina podría comenzar por una encuesta –realizada a pie de calle y en plenas fiestas patronales- preguntando quién era san Fermín. Sin entrar en mucho detalle. A ver si alguien sabe, por ejemplo, en qué siglo vivió o qué tuvo su vida de extraordinario para que la Iglesia decidiera canonizarlo. Por cierto, que yo me acabo de enterar ahora mismo, no precisamente gracias a la televisión de los obispos, sino después de consultarlo en la inefable wikipedia. Porque, lo confieso, no tenía ni la más remota idea.

1932490Así pues, desde órganos oficiales de la CEE manifiestan sin rubor sentirse muy orgullosos de que, gracias a su inestimable ayuda, cientos de miles de energúmenos inunden la ciudad de Pamplona con el indisimulado objetivo de emborracharse y, si su economía se lo permite, asistir a las numerosas corridas de toros celebradas en honor de San Fermín. Y el orgullo de nuestra Iglesia no reside en dar a conocer los méritos del santo en cuyo honor dicen celebrar estas bacanales. Ni siquiera en conseguir que alguna gente pise una iglesia –aunque sólo sea para no dormir en la calle-. No. El orgullo de nuestra Iglesia es que toda esa gente deje un montón de sus euros en la ciudad de Pamplona (básicamente en sus bares).

Pero esto, que seguramente es lo más visible, es una fruslería si lo comparamos con lo que sucede con la segunda cuestión.

Los sacramentos

No entraré en el tema de las bodas, porque es un hecho que, en todas las culturas y en todas las épocas, las bodas se han celebrado y se celebran con todo el boato que las familias han podido permitirse y, aunque es un hecho que mucha gente se casa por la Iglesia porque “es más bonito” y quienes así piensan suelen invitar a más gente y organizar el mejor fiestón, ésta es una cuestión con una larga tradición de la que habría mucho que hablar, pero que no es momento de discutir aquí. Aquí nos limitaremos a dar unas pequeñas pinceladas acerca de los llamados Sacramentos de Iniciación, es decir: Bautismo, Confirmación y Eucaristía

No estoy diciendo que las celebraciones referidas a estos sacramentos –salvo seguramente las Confirmaciones- sean inapropiadas. Lo que estoy diciendo es que son un paripé que yo -hasta ahora- creía que la Iglesia simplemente toleraba como mal menor. Lo creía hasta que escuché las palabras del Sr. Giménez.

Como no tengo ninguna intención de realizar un estudio exhaustivo, me limitaré a decir cuatro cosas de las Primeras comuniones. Nada que no sepa todo el mundo.

Cuando yo hice la Primera comunión, asistieron mis padres y algunos de mis tíos y primos. Fue por la mañana temprano y después nos fuimos todos a desayunar un chocolate, no recuerdo si fue con churros o con picatostes. No más de diez personas. En una terraza que, por supuesto, no habíamos reservado porque, además, era un día de diario. Yo llevaba un vestido precioso que le habían prestado a mi madre y del que guardo el único recuerdo de algunas fotos.

Les hablo de mi Primera comunión simplemente como testimonio de lo que era normal no hace tantos años. ¿A qué “cultura” o a qué “tradición” se refieren estos señores entonces? ¿Se puede llamar “tradición” a la transformación nada sutil de una fiesta religiosa y familiar wedding-table-460365_960_720en un acontecimiento social señaladamente contradictorio?

Nada que ver lo “tradicional” con esos padres que tienen que pedir un préstamo para que sus hijos hagan su Primera … y última comunión. ¿Qué sentido tiene esto y por qué la Iglesia colabora activamente en una pastoral que se ha demostrado cuanto menos ineficaz?

Cuando eres catequista de Primera comunión te das cuenta de que los padres te dejan a sus niños para que les des “clase” (así le llaman) durante tres años e incluso te dejan a los hijos en la misa de niños. Quiero decir que les dejan en la puerta y luego les vienen a buscar. Y tú preguntas a los niños y te das cuenta de que quienes de verdad están influyendo sobre ellos son sus padres (como debe ser) y lo que los padres les dicen. Y que no tienes nada que hacer. Pero a nadie parece importarle lo más mínimo. Más aún. Es posible incluso que algún niño no aparezca por catequesis … porque coincide con el entrenamiento de fútbol, y tampoco aparezca por la misa dominical, pero que eso no sea obstáculo para que el niño reciba la Primera comunión con el resto de sus compañeros.

Por otra parte ignoro en qué momento lo que hasta entonces era una fiesta privada y totalmente familiar se convirtió en una especie de boda. Ésta es la razón por la cual carezco de elementos de juicio para establecer la relación que sospecho existe entre la disminución de la fe y de la práctica religiosa con el aumento del gasto para celebrar no sé muy bien el qué.

Lo que no puedo callar es que todo esto supone no sólo una utilización espuria de la Eucaristía, sino también una flagrante falta de comunión. Cosas ambas que, por cierto, no son sino expresiones distintas de una misma realidad.

¿Qué pasa -en estos tiempos de crisis- con aquellas familias que no pueden organizar a su hijo una fiesta equiparable a la del resto de sus compañeros? Es importante añadir que, dada la estructuración pseudoescolar de las primeras comuniones, dichos compañeros de Primera comunión serán también, seguramente, sus compañeros de clase… durante ese curso y los cursos venideros.

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Comedores sociales en España

Esto recuerda mucho la situación que denunciaba san Pablo: «Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor; porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga» (1 Cor 11,20-21).

Y, cuando pensaba que esa aparente indolencia de la Jerarquía eclesiástica se debía básicamente a una cierta manga ancha frente a una opción más rigorista que podría dejar fuera a alguna gente recuperable, entonces, queridos lectores, me entero de que esta supuesta permisividad no era tal. Entonces me entero de que la Jerarquía eclesiástica tiene entre sus misiones la de velar por el bienestar, también material, de los españoles, aunque no pertenezcan a su rebaño. ¿Qué sería, si no, de esos enormes salones para bodas, ahora que la gente ya no se casa?

EVANGELIZACIÓN VERSUS MILITANCIA

descargaEn el seno del llamado Plan Diocesano de Evangelización, la archidiócesis de Madrid ha organizado unas reuniones que tienen una curiosa estructura. Dicha estructura consiste en lo siguiente: los participantes reciben por correo electrónico y con bastante antelación una especie de encuesta que versa fundamentalmente sobre la pastoral parroquial. La dinámica es, al menos en la letra, la de la Lectio divina. Y, en este contexto, la encuesta –cuyas respuestas ya ha reflexionado cada uno en su casa- se responde de forma colectiva.

Digamos en primer lugar que la Lectio divina  es una antigua y muy provechosa forma de oración usada durante siglos en los monasterios y redescubierta hace algunos años sobre todo en América Latina.

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San Benito

La cuestión está en que la Lectio divina es un método de oración, no una dinámica de grupos y, por consiguiente, lo que se precisa no es un buen “animador”, sino alguien que haya tenido la experiencia espiritual y crea en ella.

Cuando esta oración tiene lugar con un grupo de fieles, es costumbre que se realicen algunas preguntas que ayuden en especial a personas poco habituadas a esta forma de oración. Estas preguntas, sin embargo, nunca pueden tener como finalidad substituir la oración de cada uno. El momento final o contemplación debe de ser espontáneo y fruto de la oración precedente. En ningún caso la “acción” puede venir inducida de modo artificial y  mucho menos desde fuera.

En Brasil tuve esta experiencia, que era -además- itinerante. Algunas personas dirigían la oración que se realizaba en la casa de quien nos invitaba. Cada día en un hogar diferente. El compromiso del anfitrión era el de invitar a sus vecinos. De esta forma se hacía una pastoral no ya con las personas que habitualmente iban a la iglesia, sino también con otros que nunca hubieran ido a la parroquia y que, de este modo, tenían la oportunidad de descubrir la Palabra de Dios. La lectura era elegida en función de las circunstancias, pero las respuestas no venían dadas de antemano. Algunas veces no salía nada y otras te estremecías al ver la acción del Espíritu y comprobar hasta qué punto es cierto que: “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

En la Diócesis de Madrid, algunas personas están confusas porque la encuesta les parece un añadido fuera de lugar en el contexto de la Lectio divina. Dado el estilo tan profesional que tiene la propuesta, no parece lógico suponer que se trate de una inadvertida incoherencia. Parece más bien una “ayuda extra” al Espíritu Santo, por si se le ocurre sugerir algo que no entre dentro de los objetivos que sin duda están en el origen de todas estas actividades.

fotonoticia_20150922133529-816519_500Ahora bien, cuando los objetivos de una determinada pastoral vienen marcados de antemano al modo en que por ejemplo un profesor puede marcar los de su materia o un empresario su plan de ventas, puede que los objetivos materiales (militancia) se consigan, pero la evangelización es otra cosa.

Presento a la consideración de los lectores los primeros documentos emanados de la Diócesis para la realización de dicho PDE.

El animadorEn primer lugar tenemos el CUADERNO ANIMADOR, extenso folleto en el que se detalla el “perfil” que se espera del “animador”. En dicho cuaderno se describe al perfecto moderador y se añade: “a ser posible, estar familiarizado con la metodología de la Lectio divina”. Este requisito no es imprescindible. Es decir, que un buen presentador de televisión o un buen profesor serían sujetos ideales para el puesto. De la fe, las costumbres o el compromiso cristiano no se dice ni una palabra.

En segundo lugar tenemos el Cuestionario Nucleo 1 PDE. Que nadie espere en él preguntas tales como: “de 0 a 10, ¿cómo valorarías el lugar que ocupa Cristo en tu vida?”. En lugar de eso, aparece una serie de puntos en los que se pregunta por tu “grado de desánimo”. ¿Desánimo frente a la falta de fe o de práctica cristiana en nuestra sociedad? En modo alguno. El grado de desánimo es frente a las actividades pastorales de la parroquia. Grado de desánimo, es decir, que “0” significa que todo lo que se hace en tu parroquia te parece genial y “10” significa que te parece que lo que se está haciendo no sirve para nada.

4257295521_1f2a2c174dNo se pregunta por la opinión que te merece la pastoral parroquial. La pregunta es por el “grado de desánimo”, dejando de este modo zanjada cualquier crítica que pudiera surgir. El grado de desánimo es algo totalmente subjetivo, el desánimo nace de tu interior, no tiene nada que ver con la realidad objetiva. Así pues, si tú criticas el modo en el que se lleva a cabo la pastoral de tu parroquia, el problema lo tienes tú (y es culpa tuya).

En los primeros apartados, las preguntas son totalmente cerradas y no se da ninguna opción a hacer la más mínima sugerencia. Es al final, y ante cuestiones totalmente irrelevantes, donde se piden sugerencias. Se trata sobre todo de las diversas cuestaciones que suelen tener lugar en las diócesis. Pero también hay otras cuestiones un tanto desconcertantes. Por ejemplo, se piden sugerencias sobre “La Fiesta de Nuestra Señora de la Almudena”. Mientras las primeras preguntas eran totalmente cerradas, aquí la pregunta es tan abierta que resulta difícil saber acerca de qué se están pidiendo sugerencias. ¿Cambiar la fecha?, ¿cambiar la hora de la misa…? Porque no quiero pensar que el Obispo de Madrid esté pidiendo sugerencias para atraer a los turistas a base de borracheras como hacen en otros lugares para “honrar” –así lo llaman- a sus respectivos patronos

descargaEn fin, en el Cuaderno Trabajo Nucleo 2 se nos presenta como tema de oración, reflexión más bien, el texto de Hechos 17,16-34 donde se nos muestra a san Pablo hablando en el Areópago y aprovechando la oportunidad que se le presenta para hablar de Cristo al ver un altar dedicado “al dios desconocido”. Las preguntas son tan concretas que no dejan opción a responder sino lo que tiene previsto el autor de dicho cuaderno. El texto es tan claro que las preguntas en lugar de abrir, cierran y en lugar de ayudar, estorban. Son tan prolijas, que las respuestas difícilmente surgirán de la oración comunitaria o de la experiencia profunda de los presentes, sino más bien de lo que sea percibido por estos como la “respuesta correcta”.

imagesAsí pues, ante la indiferencia general de la sociedad española frente a la Iglesia, la “Evangelización” no es vista por nuestra jerarquía como una vuelta a Cristo de todos -en primer lugar de los que pretenden estar más cerca (Mc 9,35)-, sino como el promover un sentimiento de pertenencia más parecido al ingreso en un club o en un partido político que una adhesión personal a Cristo.

“Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Convertíos, vosotros. Todos. Volveos a Cristo, que eso es creer en el Evangelio. No hay evangelización sin conversión y no hay evangelizador que no necesite de esa misma conversión que predica. La evangelización es una llamada que comienza por uno mismo a vivir la vida de Cristo desde el humilde reconocimiento de nuestra realidad pecadora, pero fijos los ojos en Aquél que hace Nuevas todas las cosas. Convertirse es volverse hacia Dios y nadie tiene más necesidad de conversión que aquél que desea convertir a los demás, pues nadie da lo que no tiene. Y, como Cristo es el único que salva, el evangelizador debe ser como un nuevo Juan el Bautista, siempre dispuesto a disminuir para que Él crezca (Jn 3,30).

CRISTO RESUCITADO, FUNDAMENTO DE NUESTRA FE

Noli me tangere. Jerónimo Cósida

Noli me tangere – Jerónimo Cósida

«Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué… Si no, ¡habríais creído en vano!

Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo. Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe». (1 Corintios 15, 1-14)

Discípulos de Emaús - Jan Wildens

Discípulos de Emaús – Jan Wildens

Ante la cruz todo parece venirse abajo. La muerte es el final del suplicio, pero también de toda esperanza. Es el “nosotros esperábamos” de los discípulos de Emaús.

Si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría ningún sentido. Podría acaso salvarse una forma heroica de ver la vida, una nueva moral muy generosa, pero está claro que no tendría ningún sentido una oración dirigida a Jesús y, por consiguiente, tampoco a María ni a ningún santo.

La dificultad no se salva argumentando que, como Cristo era Dios, continúa vivo. Porque, si bien es cierto que Dios no puede morir, eso haría de la Encarnación una especie de fingimiento no muy distinto del que predicaba el docetismo.

El núcleo del cristianismo no es una moral, por muy sublime que ésta sea. El núcleo del cristianismo es que Cristo continúa presente en medio de nosotros. Con una presencia real en la Eucaristía, pero también de manera espiritual pero no menos verdadera en nuestro interior. Cuando el cristiano ora, no mira hacia fuera, sino que entra en su interior y es allí donde se encuentra con el mismo Cristo. Los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte para que vivamos una Vida Nueva (Rom 6,3-4).

Jesús con María Magdalena - El Marco

Jesús con María Magdalena – El Marco

Esa Vida Nueva consiste en encontrarse con Jesucristo y dejarle entrar en nuestra vida de modo que forme parte de ella y se convierta en presencia continua. Esto no significa necesariamente pasar el día rezando. Se trata más bien de una compañía constante, algo así como un continuo saber que Cristo está contigo. El “hallar a Dios en todas las cosas” del que nos habla san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales. 

Es evidente que vivir de este modo supone una determinada moral, pero poner la obligación moral por encima de la fe no puede ser sino motivo de amargura y no raras veces de soberbia. Por el contrario, la fe lleva a la alegría y a la humildad. A la alegría que nace de la confianza, porque el Amor de Dios no depende de mis méritos. A la humildad, porque uno se va haciendo cada vez más consciente de que con sus propias fuerzas no puede dar ni un solo paso, que cada vez que intentas hacer algo por tu cuenta, no haces sino meter la pata y que todo lo que eres o consigues hacer es un regalo de Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo.

LA PASIÓN DE CRISTO EN EL CENTRO DE LA VIDA DEL CRISTIANO

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Cristo en la cruz (Barocci)

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

(Anónimo español publicado por primera vez en 1628)

LA PASIÓN DE CRISTO EN EL CENTRO DE LA VIDA DEL CRISTIANO

Sentimientos encontrados

La pasión de Cristo nos engancha por la fuerza del Amor hasta el extremo, al tiempo que las escenas tan duras se nos hacen insoportables hasta el punto de provocar en nosotros un terrible rechazo.

Cristo nos atrae, su amor nos enamora, pero el sufrimiento nos echa para atrás, especialmente a medida que la experiencia de vida nos va haciendo cada vez más conscientes de que, efectivamente, esto es un “valle de lágrimas”. Por cierto que la cultura actual trata por todos los medios de olvidarlo, al tiempo que los telediarios se encargan machaconamente de amargarnos la sobremesa.

 

La oración en estos días

Pero entonces, ¿cuál es la oración adecuada en estos días?

Dios mío por qué me has abandonadoEl domingo pasado (de Ramos), me estremecí al escuchar la canción que tuvieron la ocurrencia de cantar en misa: “Oh Dios por qué nos has abandonado”.

El canto debió parecerles muy adecuado, pues la letra es aparentemente muy respetuosa con el salmo 21 (salmo responsorial de la misa). El plural, sin embargo, cambia por completo el sentido que dicho salmo tiene en el contexto del Domingo de Ramos.

En el contexto de la Semana Santa, cantar o rezar el salmo 21 en plural raya en lo blasfemo. Porque la identificación con Jesucristo no pasa por fingir que sus vivencias son nuestras vivencias y, sobre todo, porque la Cruz de Cristo es precisamente el sello de la Alianza de Dios con nosotros, la prueba de que ni nos ha abandonado, ni nos abandonará jamás.

Y, por si eso fuera poco, el canto resultó obsceno en el contexto en el que se estaba cantando. Por el lugar y por el momento histórico ¿Acaso tenemos nosotros motivos para sentirnos nada menos que abandonados por Dios cuando no nos falta de nada, al tiempo que nuestro silencio cómplice está impidiendo que otros muchos experimenten por nuestro medio que Dios les ama?

 

Sentido de la crucifixión de Cristo

Muchas veces se ha dicho que no debemos quedarnos en los sentimientos, pero, ante una situación tan dramática, es difícil no quedarse en lo evidente: el terrible sufrimiento físico y espiritual de Jesús. No sólo la muerte en cruz, sino también el abandono de los suyos y, lo que es mucho peor, el aparente fracaso de su misión hasta el extremo de rezar: “Oh, Dios, ¿por qué me has abandonado?”.

El hecho de que sea un salmo no le quita fuerza, sino todo lo contrario. Jesús eligió ese salmo y no otro. Puestos a interpretar, Jesús podía haber rezado así: “aunque pase por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”.

miedo 2El cristiano que reza ante la cruz de Cristo se encuentra con esa situación, que es la misma que puede imaginar cualquier persona -creyente o no- con un mínimo de empatía.

Pero entonces, ¿qué encuentra el cristiano cuando medita sobre la pasión de Cristo? La empatía desencarnada puede ser incluso gratificante y no es difícil sentir devoción ante la contemplación de la Pasión. Por el contrario, la empatía encarnada produce un intenso malestar –no exento de miedo- que nos lleva a huir e incluso negar a Cristo, no ya ante otros, sino incluso en nuestro interior.

miedoLa huida puede tomar la forma de rechazo, pero también existe una forma de huida hacia adelante que es dar la pasión por amortizada y pasar directamente a la Resurrección. Esto último es en realidad un paso en falso, porque la Resurrección es algo totalmente Nuevo y no simplemente el final del sufrimiento (especialmente cuando dicho sufrimiento nos lo podemos dosificar nosotros a voluntad).

 

La cruz como acto redentor

obstáculoEn la espiritualidad cristiana la cruz es al mismo tiempo iluminación y oscuridad. A través de la cruz se nos muestra el rostro de Dios, pero la cruz es al mismo tiempo un objeto cuyo significado se nos oculta a causa de nuestros prejuicios. Y no es para menos.

luz de CristoLa cruz no puede ser tomada a la ligera, pero lo que nos salva no es el sufrimiento, sino el mismo Dios actuando –de forma misteriosa- a través del sufrimiento de Jesucristo.

El núcleo central de la fe cristiana no está en una genérica fe en un Dios amoroso que nos dice que tenemos que ser buenos. Esto es tan impreciso que prácticamente equivale a no decir nada.

El centro de la vida cristiana es mucho más concreto y consiste en creer que Jesucristo es Dios de una forma misteriosa (Santísima Trinidad) y que se ofreció voluntariamente al Padre para nuestra Redención.

cordero de DiosLa teología católica ha explicado este ofrecimiento con las categorías de sacrificio que encontramos en el Antiguo Testamento. Estas categorías son muy difíciles de asimilar para la mentalidad de hoy. Pero, categorías aparte, lo irrenunciable de nuestra fe es que Cristo murió por nuestros pecados. No solo a causa de nuestros pecados (lo cual es obvio), sino también para liberarnos de nuestros pecados.

Eso significa ir más allá de lo sentimental a la hora de contemplar a Cristo en la cruz. Ante el sufrimiento injusto y cruel de Jesús uno puede sentir compasión o espanto, pero ninguna de las dos cosas tiene nada que ver con la fe. Son reacciones espontáneas que se pueden fomentar o eludir, pero que no afectan al núcleo más profundo de la persona.

En lo nuclear de la fe está el hacerse presente a ese sufrimiento. Presente de una forma espiritual pero mucho más real que la representación imaginativa de la escena. Es ser parte de la acción, no para tomar el lugar de alguno de los personajes que estuvieron presentes en Jerusalén, sino haciéndome presente en el corazón del propio Cristo que ha muerto “por mi”, en su doble acepción: “por mi causa” y “a favor mío”.

Ése es el centro de nuestra fe, una fe que no consiste en mero asentimiento intelectual sino que, para ser verdad, tiene que hacerse convencimiento profundo y motivador de un cambio real de vida. Bien entendido que dicho cambio de vida rara vez será espectacular: la calidad espiritual suele estar más bien en los detalles.

El amor con el que Dios nos ama

La meditación ante Cristo crucificado es así meditación más bien sobre el amor que Dios nos tiene. “Por mí”. Dios ha hecho esto “por mí”.

¿Lleva esto a pensar que el sufrimiento tiene en la vida cristiana un lugar preponderante? Pienso que no, no al menos como nos lo han podido transmitir algunas veces.

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San Pedro (Francisco de Goya)

Ante Cristo crucificado, la conclusión no puede ser otra que un profundo acto de contrición. Si mis pecados -nuestros pecados- tienen tales consecuencias, yo no tengo ningún derecho a tomármelos a la ligera y lo menos que puedo hacer es pedir perdón con toda mi alma. Es precisamente esta contrición la que me libera de mis pecados. No hablo de los pecados pasados, sino de los presentes y de los futuros. Hablo en suma de esa gratitud que nos cambia por dentro: “yo tampoco te condeno, vete y, en adelante, no peques más”.

Esto lleva a un conocimiento interior que no es fruto de la introspección, sino del reconocimiento del amor que Dios me tiene. Esa confianza nos da fuerza para encontrarnos en nuestro interior, no con nuestras miserias (lo cual es insoportable) sino con Él.

 

Otra imagen de Dios

Ante el escándalo que provoca que Dios haya cuanto menos permitido que su Hijo muriera de forma tan ignominiosa, quiero terminar haciendo una breve reflexión.

No sabemos por qué Dios permite ciertas cosas. En La Ciudad de Dios, San Agustín justifica de forma muy ingeniosa que lo que es malo para unos es bueno para otros. El mal no sería nunca algo absoluto. En este caso, lo malo para Jesús sería bueno para nosotros.

El lavatorio (Tintoreto)

El lavatorio (Tintoretto)

Más allá de cualquier modo que tengamos de justificar –o no- la existencia del mal en el mundo, lo que la cruz nos muestra es una forma muy distinta de ser Dios (“el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor”). Ésta es la forma que Dios tiene de responder al eterno deseo humano de “ser como Dios”. Éste -y no otro- es el pecado original. En la Biblia no se habla de manzana, sino de “fruto”.

La cruz debería ser de este modo vacuna antes que escalera, guía que apunta al cielo por el camino de la entrega y el sacrificio, huyendo de todo lo que sea apariencia o autobombo.

NAVIDAD

arbol-navidad6-source_tazNo voy a entrar en la cuestión de cómo se celebra hoy la Navidad. Eso es algo que todos sabemos. Hace muchos siglos, ante el dilema de suprimir o dar el cambiazo, la Iglesia decidió cristianizar unas fiestas paganas y hoy el paganismo ha recuperado lo que era suyo. Se trata únicamente de la fuerza de la gravedad: cuando las fuerzas que elevan el espíritu decaen, las cosas caen por la fuerza de su propio peso.

Y tampoco voy a entrar en el espíritu navideño que a algunos católicos les embargaba por estas fechas en forma de solidaridad transitoria, como de forma cruelmente sarcástica caricaturizó Berlanga en su película Plácido.

gifs belen (37)_thumbEn contra de lo que pudiera parecer, al hablar de la Navidad lo fácil es explicar el contenido dogmático que encierra la fe en la Encarnación. Decir que el Verbo de Dios se hizo carne, que la segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre, ése es el gran dogma de nuestra fe, la seña de identidad del cristiano.

Decirlo es fácil. Creerlo no es fácil ni difícil: se cree o no se cree. Pero vivirlo… ¡ah! vivirlo. Eso es otro asunto.

Pero, ¿qué significa la Encarnación? Dicho de otro modo, ¿qué significa para nosotros este misterio de nuestra fe? ¿Qué diferencia hay entre creer únicamente que existe Dios y creer que Jesús de Nazaret es Dios?

Creer en Dios y no creer en la divinidad de Jesucristo es perfectamente compatible con tener una imagen de Dios cercano y preocupado por los hombres. Aunque sería un error olvidar la imagen concreta que de Dios nos transmiten los Evangelios. No ya como Padre, sino como “abba” (papá).

Creation_of_the_Sun_and_Moon_face_detailPero hay más. Con la Encarnación, la humanidad queda de algún modo santificada. Y digo “de algún modo” porque hoy en día circula de forma implícita una creencia ciertamente herética como si el hombre pudiera llegar a ser Dios. Hoy en día no existe debate teológico de ningún tipo. Las ideas no se afirman, solamente se sugieren y así uno queda indefenso ante ciertas corrientes.

Somos “hijos en el Hijo”, lo que quiere decir que nadie es hijo fuera de Cristo. Y lo de ser “otros Cristos” tampoco significa la divinización del hombre, de ningún hombre y tampoco de la humanidad como tal. No es la divinización lo que nos enseña en Nuevo Testamento, sino la kénosis:

6Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
7al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
8se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

9Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
10de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
11y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.(Filp 2,6-11)

Christ in the Garden of Gethsemane Heinrich Hofmann, 1890

Christ in the Garden of Gethsemane
Heinrich Hofmann, 1890

Éste es el Dios en el que creemos y, para ser “otro Cristo”, no hay otro camino que la cruz:«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mt 16,24). Es el “aprendió sufriendo a obedecer” de Heb. 5,8. Así es Dios y no como nosotros nos lo imaginamos:

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal (Gn 3,5)

 

Perseus_by_Antonio_CanovaDe modo que la Encarnación no es sólo ni fundamentalmente una lección acerca de la cercanía de Dios, sino más bien una lección acerca de quién es realmente Dios, de cómo es Dios. Justo lo contrario de cómo nos lo imaginamos nosotros.

«Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» (Mc 9,35)

 

brotesCreer en Cristo es creer que solamente por Cristo, con Él y en Él podemos llegar a Dios. Y eso significa creer también que el Reino de Dios crece por la fuerza de Dios a partir de una semilla muchas veces invisible. La Evangelización es obra de Dios, no nuestra. Las técnicas de marketing están de más en la Iglesia. Y también están de más los métodos antiguos, tales como centrarse en la educación de las élites. Dios se manifiesta dónde y cómo quiere, generalmente donde menos pensamos.

Dios ha escogido más bien a los que el mundo tiene por necios para confundir a los sabios; y ha elegido a los débiles del mundo para confundir a los fuertes (1 Cor 1,27)

 

NO MÊS DE TODOS OS SANTOS, UMA SANTA DOS NOSSOS DIAS

Tradução de dona Susana Alves da Motta

Dona Elvira 1Dona Elvira Silveira Santana, nascida na Bahia, Brasil no dia 18 de novembro de 1939.

Falecida em Campo Grande – Mato Grosso do Sul, Brasil, no dia 17 de novembro de 2015.

No dia seguinte teria completado 76 anos. Eu a conheci com 20 anos menos e é uma as pessoas que mais perfume deixou em minha vida.

Estava casada e seu marido com Alzheimer não para de chorar. O casal teve 19 filhos dos quais nove morreram na infância. Atualmente estava com 8 tataranetos.

Dona Elvira era uma pessoa que nunca se alterava por nada. Um dia perguntei a ela como nunca ficava nervosa. Ela me respondeu: “é que, se fico nervosa, já teria morrido”. Tinha um caráter extraordinário e uma vitalidade serena, mas  não inflamada. Nunca se dava por vencida.

Morava na Paróquia Cristo Luz dos Povos, dividida em várias “capelas”. As grandes celebrações se realizavam na matriz, com a qual tinha um contato constante. As celebrações dominicais se realizavam em cada capela, que tinha sua estrutura pastoral própria. A paróquia abarcava uma região muito ampla, cujo centro estava em um bairro residencial habitado por pessoas de classe média e naquela época se estendia  a uma das favelas de Campo Grande. A proximidade com um rio ocasionava uma situação especialmente difícil para muitas famílias que viam seus barracos inundados cada vez que chovia um pouco mais do que a média  (em alguns meses, era um dia sim e o outro também).

Dona Elvira 2Nos limites dessa favela estava a capela Madre Paulina. Ali não tinha nada, nem templo. As missas e outras celebrações litúrgicas aconteciam num pátio coberto da pequena escola que era cedida à paróquia aos domingos.

Não existia capela de tijolos, mas tinha comunidade. Havia um presidente da comunidade e uma série de cargos dados aos leigos…  mas sobretudo lá estava Dona Elvira.

A Dona Elvira, o pároco da ocasião ignorava completamente. Dona Elvira desejava ser Ministra da Comunhão Eucarística para levar a comunhão aos doentes. Mas Dona Elvira não tinha estudos e o pároco certamente pensava que ela não tinha formação adequada. O pároco atribuiu a presidência da comunidade a quem tinha estudos, mas não participava das reuniões… Salvo se fossem na matriz e tivesse oportunidade de brilhar.

Foi então que aprendi que o trabalho pelo Reino de Deus é o trabalho que Deus faz quando tudo  é contrário e, muito especialmente, quando ninguém vê. E aprendi a trabalhar pelo Reino de Deus quase na “clandestinidade”. Não era difícil. A capela Madre Paulina era muito pequena e muito pobre e o pároco tampouco participava das nossas reuniões (celebrava a Eucaristia no domingo que cabia a ele, com muito fervor, com certeza).

Na comunidade ninguém tinha telefone, de modo que, para dar qualquer aviso, era preciso ir de casa em casa… ou passar um momento na casa de Dona Elvira. Bastava ficar poucas horas na casa dela para ver todo mundo.

Quando um grupo estava em sua casa, Dona Elvira pegava o Rosário e ali ninguém escapava. Não vi em nenhum lugar rezar o rosário daquele jeito. Criava-se um incrível ambiente de oração, era um sussurro envolvente no qual Cristo e Maria deviam estar  por perto. Impressionante.

Dona Elvira 3Dona Elvira não tinha estudos, mas tinha uma vida interior que é muito difícil encontrar em alguém. E, o que é mais difícil, nunca pedia aos demais aquilo que não estivesse disposta a fazer.  Para dizer a verdade, ela nunca pedia nada. Simplesmente se punha em marcha e o melhor que se podia fazer era segui-la, convencido de que, onde quer que fosse Dona Elvira, ali estava Cristo.

Nunca esquecerei a experiência dramática que vivemos juntas. Há poucos dias um casal de noivos adolescentes  tinha desaparecido. Uma semana depois apareceram mortos, praticamente carbonizados pelo calor intenso. Tinha sofrido um acidente de moto em uma região pouco frequentada.   As famílias dos infelizes jovens eram pessoas de pouca fé e bastante conflituosas. Ninguém da paróquia se atreveu a ir dar os pêsames, na certeza de que tal gesto poderia ser considerado uma provocação, que possivelmente dariam a culpa da sua desgraça a Deus e, por isso, a qualquer um que o tivesse mencionado.

Pois bem, Dona Elvira disse que nosso dever era levar Deus a essa família no seu infortúnio e que ela pensava em ir. Fui com ela até a casa de um dos jovens. Ali, em um pátio bastante grande, havia cerca de 40 pessoas. Não me lembro de como foi, mas recordo aquela gente sentada em um grande círculo. Não se ouvia uma mosca. Somente se ouvia a voz de Dona Elvira. Não podia acreditar no que ouvia.  Dona Elvira não tinha estudo, mas as palavras que saiam de sua boca eram palavras de alguém mergulhado em Deus e de alguém sábio. Estou certa de que naquele dia Dona Elvira tinha rezado mais do que de costume e que foi ele mesmo, Cristo, que falou por sua boca.

Estou também certa de que hoje existe no céu uma nova santa, embora seguramente ninguém promoverá a causa de sua beatificação. Deus saberá, saberá a Virgem – a quem ela tanto amava – saberá sua grande família e saberemos todos aqueles que tivemos a enorme sorte de ser seus amigos.

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Aproveito para recordar com muito carinho outras duas pessoas que eram parte muito importante dessa comunidade e que também faleceram neste ano. O casal formado por Dona Sebastiana e Sr. Júlio. Sempre estarão em meu coração e sei que um dia nos reencontraremos.

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ILDA

O Senhor levou ontem para junto dele a Dona Dozailda Lima Medeiros da Silva. Nasceu em 17 de setembro de 1951. Faleceu em Campo Grande/MS – Brasil, a 4 de dezembro de 2015, às 17h10.

É como se Deus quisesse que aquela pequena comunidade voltasse a se reunir no céu. Mas a comunidade não seria o mesmo sem o inefável sorriso de Dona Ilda. Parecia sempre contente e era uma mulher muito divertida. Apesar de que sua vida não fosse nada fácil. Ela era uma mulher forte que tornava fácil o que era difícil.

Era viúva há vários anos e embora não tivesse filhos, criou como um filho seu sobrinho Samuel. De certa maneira era um pouco mãe de todos os seus irmãos. De modo discreto e humilde, era mais do que evidente o respeito que tinha por ela toda a família.  Não tenho dúvida que o ganhou à força.

EN EL MES DE TODOS LOS SANTOS, UNA SANTA DE NUESTROS DÍAS

Dona Elvira 1

Doña Elvira en la puerta de su casa el día 7 de marzo de 1997

Doña Elvira Silveira Santana, nacida en el estado brasileño de Bahía el día 18 de noviembre de 1939. Fallecida en Campo Grande -Mato Grosso do Sul, Brasil-  el día 17 de noviembre de 2015.

Al día siguiente hubiera cumplido 76 años. Yo la conocí  con 20 años menos y es una de las personas que más huella ha dejado en mi vida.

Estaba casada y su marido -que tiene Alzheimer- no para de llorar. El matrimonio tuvo 19 hijos de los cuales 9 murieron en la infancia. En la actualidad tenía 8 tataranietos.

Era doña Elvira una persona que nunca se alteraba por nada. Un día le pregunté cómo es que nunca se ponía nerviosa. Ella me respondió: “es que, si me pusiera nerviosa, ya me habría muerto”. Tenía un carácter extraordinario y una vitalidad calmada, pero incombustible. Nunca se rendía.

Mapa_Politico_Brazil_1981_CIA (modificado)Estaba la Parroquia Cristo Luz dos Povos dividida en varias “capelas”. Las grandes celebraciones tenían lugar en la “matriz” con la cual había un contacto constante, pero las celebraciones dominicales se realizaban en cada “capela” que tenía su propia estructura pastoral. La parroquia abarcaba una zona muy amplia cuyo centro estaba en un barrio residencial habitado por familias de clase media, al tiempo que se adentraba en una de las favelas de Campo Grande. Su proximidad al río hacía especialmente dura la situación de muchas familias que veían sus chabolas inundadas cada vez que llovía un poco más de lo habitual (que, en algunos meses, era un día sí y otro también).

En el lindero de esta favela estaba la Capela Madre Paulina. Por no haber, no había ni templo. Las eucaristías y otras celebraciones litúrgicas tenían lugar en el patio cubierto de la pequeña escuela que el ayuntamiento cedía a la parroquia los domingos.

No había capilla de ladrillos, pero había comunidad. Y había un presidente de la comunidad y una serie de cargos laicales… pero, sobre todo, estaba Doña Elvira.

Dona Elvira 2A Doña Elvira, el párroco que había en ese momento la tenía completamente ninguneada. Y Doña Elvira quería ser Ministra de la Eucaristía para llevar la comunión a los enfermos. Pero Doña Elvira no tenía estudios y el párroco seguramente pensó que no tenía la preparación adecuada. Y el párroco puso a un presidente de la comunidad que sí que tenía estudios, pero que no asistía a las reuniones… salvo que fueran en la matriz y hubiera ocasión de lucimiento.

Y fue entonces cuando yo aprendí que el trabajo por el Reino de Dios es el trabajo que Dios hace cuando todo está en contra y, muy especialmente, cuando nadie lo ve. Y yo aprendí a trabajar por el Reino de Dios poco menos que “en la clandestinidad”. No era difícil. La capela Madre Paulina era muy pequeña y muy pobre y el párroco tampoco asistía a nuestras reuniones (sí que celebraba la Eucaristía el domingo que le tocaba, y con mucho fervor, por cierto).

En la comunidad casi nadie tenía teléfono, de modo que, para dar cualquier aviso, había que ir casa por casa…. o pasar un rato en casa de Doña Elvira. Bastaba con estar un par de horas en su casa para ver a todo el mundo.

Y, en cuanto había un grupito de gente en su casa, Doña Elvira sacaba el rosario y allí no se libraba nadie. Yo no he visto en ninguna parte rezar el rosario de ese modo. Se creaba un ambiente increíble de oración, era un susurro envolvente en el que Cristo y María debían estar a sus anchas. Impresionante.

Doña Elvira no tenía estudios, pero tenía una vida interior que es muy difícil encontrar en nadie. Y, lo que es más difícil todavía, nunca pedía a los demás lo que ella no estuviera dispuesta a hacer. A decir verdad, ella no pedía nunca nada. Simplemente se ponía en marcha y lo mejor que uno podía hacer era seguirla en el convencimiento de que, donde fuera doña Elvira, allí estaba Cristo.

Nunca olvidaré la experiencia dramática que nos tocó vivir a ambas. Hacía unos días que había desaparecido una pareja de novios adolescentes. Una semana después aparecieron muertos, prácticamente carbonizados por el intenso calor. Habían tenido un accidente con la moto en una zona muy poco frecuentada. Las familias de los desafortunados jóvenes eran personas poco creyentes y bastante conflictivos. Nadie de la parroquia se atrevió a ir a darles el pésame en el convencimiento de que dicho gesto podría ser considerado como una provocación, que seguramente echarían la culpa a Dios de su desgracia y, de paso, a cualquiera que se atreviera a mencionarlo.

Dona Elvira 3Pues bien, doña Elvira dijo que nuestro deber era ir a llevar a Dios a esa familia en su desgracia y que ella pensaba ir. Y yo me fui con ella a la casa de uno de los chicos. Allí, en un patio bastante grande, habría no menos de cuarenta personas. No recuerdo cómo fue. Solamente recuerdo a toda aquella gente sentada en un gran círculo. No se oía una mosca. Solamente se oía la voz de doña Elvira. Yo no podía dar crédito a mis oídos. Doña Elvira no tenía estudios, pero las palabras que salían de su boca eran las palabras de alguien sumergido en Dios y de alguien sabio. Estoy segura de que aquél día doña Elvira había rezado más de lo acostumbrado y que fue el mismo Cristo quien habló por su boca.

Y estoy también segura de que hoy hay en el cielo una nueva santa, aunque seguramente nadie promoverá la causa de su beatificación. Lo sabrá Dios, lo sabrá la Virgen -a quien ella tanto amaba- lo sabrá su gran familia y lo sabremos todos aquéllos que tuvimos la enorme suerte de ser sus amigos.

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Aprovecho para recordar con mucho cariño a otras dos personas que eran parte muy importante de esa Comunidad y que también han fallecido este año. El matrimonio formado por doña Sebastiana y el Sr. Julio. Siempre estarán en mi corazón y sé que un día nos reencontraremos.

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[1] Después de mi marcha, la situación ha cambiado mucho. Canalizaron el río, urbanizaron la zona y construyeron una preciosa capilla.

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ILDAEl Señor se llevó ayer junto a sí a doña Dozailda Lima Madeiros da Silva. Había nacido el 17 de septiembre de 1951. Falleció en Campo Grande-MS- Brasil el 4 de diciembre de 2015, a las 17:10′. Es como si Dios quisiera que aquella pequeña comunidad volviera a reunirse en el Cielo. Pero la comunidad no sería lo mismo sin la inefable sonrisa de doña Ilda. Siempre parecía contenta y era una mujer muy divertida. Y no precisamente porque su vida fuera fácil. Pero ella era la mujer fuerte que hacía fácil lo difícil.

Llevaba varios años viuda y, aunque no tenía hijos, había criado como tal a su sobrino Samuel. Y de algún modo también era un poco madre de todos sus hermanos. De una forma discreta y humilde, pero era más que evidente el respeto que toda su familia le tenía. No tengo duda de que se lo había ganado a pulso.

EL SÍNODO DE LA FAMILIA 2015

Aquí podemos ver cómo un mismo acontecimiento es interpretado por diversos medios de comunicación de formas diferentes y aún opuestas. Para unos el Papa ha salido victorioso, para otros vencido.

No obstante, dos cosas están claras:

La primera, que ha habido fuertes tensiones y esto no es una mera opinión de los periodistas, sino que se deduce claramente de las palabras del Papa en la clausura del Sínodo, llegando a hablar de “métodos no del todo benévolos”.

La segunda cuestión que ha quedado clara es que el sínodo se ha centrado en los problemas de moral sexual.

Mientras la Iglesia continúe planteando el tema de la familia en términos exclusivamente sexuales, difícilmente llegarán los obispos a un acuerdo y, lo que es más importante, nunca se abordarán los problemas de fondo.

Documento final (en italiano)

A PROPÓSITO DEL SÍNODO DE LA FAMILIA

El mundo está pendiente del Sínodo de obispos reunido en estos momentos en Roma. Los periodistas hablan de un supuesto conflicto ideológico entre los obispos reunidos. Mencionan una carta que trece de ellos habrían escrito al Papa. Parece que algunos -ignoro si estos mismos u otros- habrían amenazado con un cisma.

Por su parte, algunos teólogos han firmado un manifiesto con una serie de propuestas. Mientras tanto, algunos sacerdotes piadosos rezan para que Dios ilumine al Papa, al tiempo que el asunto que les preocupa es la comunión de los divorciados vueltos a casar.

Todo esto provoca en mí las siguientes preguntas: ¿de qué se está hablando en el Sínodo? ¿de qué problemas se está hablando y cuáles son los problemas reales de las familias?

mundoEsto, a su vez, me provoca otra cuestión: ¿son los problemas que acucian a las familias actuales los mismos en todas las partes del mundo? Por poner solamente un ejemplo: ¿son las familias africanas como las familias españolas? ¿De qué están hablando los obispos?

Ciertamente existen hoy conflictos morales que requieren una respuesta, ¿pero radican ahí los problemas de las familias actuales?

Por ejemplo, el conflicto moral de algunas personas casadas en segundas nupcias es un problema que merece atención. Pero no es un problema de las familias. Es un problema individual (muchas veces no es ni tan siquiera un problema compartido en pareja). Es un problema personal y de conciencia. Si hubiera hoy una teología viva, una verdadera investigación teológica -como hubo en otros tiempos- ya estarían debatiendo sobre el asunto los mejores teólogos. Hoy, sin embargo, no existe debate teológico en profundidad porque la respuesta a todo se espera del Papa.

Por lo que respecta a los homosexuales, es una cuestión incómoda que deberá ser afrontada oficialmente por la Iglesia en algún momento. Hacer la vista gorda no parece una respuesta adecuada. En cualquier caso, culpar a las uniones entre homosexuales de la “crisis de la familia” es sencillamente absurdo. Cada familia es artífice de su propia felicidad o de su propia desgracia y echar la culpa a los demás es una clara muestra de inmadurez.

¿Cuál es entonces la problemática de la familia actual?

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Hablando desde España [1], los problemas reales de las familias se pueden ver desde una triple perspectiva:

La perspectiva sociológica es fundamental al tratar de la familia, por más que tengamos puestos los ojos en la familia “cristiana”. Entre otras cosas porque es muy difícil definir qué se entiende por familia cristiana. ¿Los casados por la Iglesia? ¿Los que piden los sacramentos para sus hijos? ¿Las familias formadas por católicos practicantes? ¿Qué pasa cuando en la pareja uno es practicante y otro no? Pues bien, desde un punto de vista sociológico, parece que los problemas que acucian a las familias son los siguientes:

  • La falta de amor entre los esposos (familias donde se respira tensión nada más entrar por la puerta, allí donde ya ni se discute porque directamente no se hablan).
  • Familias rotas donde los niños son los grandes perjudicados. Yen154194257do de aquí para allá en el mejor de los casos. A veces con órdenes de alejamiento. Utilizados muchas veces para hacer daño a la otra parte.
  • Infidelidades continuadas. Esto no es nuevo, pero ahora se da a dos bandas.
  • Convivencia escasa y basada en el consumismo (domingos pasados en centros comerciales, niños que ven muy poco a sus padres, pero que obtienen todo lo que piden…).

descargaLa perspectiva económica tiene también su importancia. La sabiduría popular dice: “donde no hay harina, todo se vuelve tremolina”. Y, más allá del nivel económico está sobre todo la inseguridad. Y esto lleva a:

  • Necesidad de que trabajen los dos fuera de casa (a menudo con grandes desplazamientos y horarios incompatibles con la crianza de los hijos). A veces por pura necesidad, otras veces por el afán de vivir mejor.
  • El trabajo de los dos también es necesario por la inseguridad en el empleo (no se puede dejar un trabajo, si no estás seguro o segura de que tu cónyuge va a conservar el suyo).
  • Y está también la inseguridad que genera la desconfianza de los esposos entre sí (si te dan la patada, que al menos no te quedes con el día y la noche).
  • El trabajo de los dos no es algo ni mucho menos nuevo, lo que es nuevo es que dicho trabajo sea por cuenta ajena y muy lejos de casa.

Finalmente está la perspectiva religiosa:

  • images (1)Familias que no practican, pero que solicitan sacramentos para sus hijos.
  • Padres que dejan a sus hijos en la iglesia para que asistan a misa (catecúmenos de primera y última comunión)… y pasan después a recogerlos.
  • Añadamos a esto la cantidad de matrimonios que se celebran por la Iglesia… “porque es más bonito” (literal).

Para dar respuesta a todo esto y a muchas cosas más habría que evitar que la sexualidad cope la atención para centrarnos en lo más importante, es decir, en las consecuencias que la actuación de los padres tiene en los hijos. Y la actuación de los adultos no podemos limitarla a lo sexual. El egoísmo tiene múltiples facetas.

LOS NIÑOS. Esto es lo más importante en una familia (evidentemente en aquellas familias que los tienen). Y no centrarnos en si muchos o pocos, si los pueden adoptar unos u otros, etc. A lo mejor sí convendría fijarse en por qué se buscan, si muchas veces no son deseados como un logro más en la vida.

Es precisamente esta centralidad de los niños la que debería llevar a la Iglesia a centrarse, no en los niños, sino en los padres. Porque no es la parroquia, ni son los colegios los que transmiten la fe y los valores. Todos los profesores de religión del mundo no pueden suplir la fe de los padres cuando es genuina. Una fe transmitida al ritmo de la propia vida en el día a día del hogar. Todo lo contrario de esas catequesis parroquiales dadas al ritmo que marcan las leyes de educación (por ejemplo, hacer coincidir la primera comunión con el 4º de primaria).

No son los discursos, sino la vida la que forma a los seres humanos. Los recuerdos de la infancia permanecen impresos en el corazón del hombre y de la mujer durante toda su vida.

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El niño que se sabe querido por unos adultos que se llevan bien, y que saben que querer a un niño no es darle todos los caprichos, ese niño tendrá el día de mañana una buena base sobre la que construir su vida.

Por su parte, el niño que sabe que sus padres se llevan a matar se siente roto por dentro. al tiempo que aprovecha la situación para manipular a los dos. Es natural entonces que se cree su propio mundo de iguales y no confíe en los mayores. La educación se torna entonces imposible y muchos padres pretenden que los profesores ocupen un lugar que ellos han abandonado y en el que son insustituibles.

En otro orden de cosas, las necesidades materiales cuando alcanzan un punto imposible de ocultar y especialmente cuando son vividas en un mundo de lujo ostentoso, la angustia por el mañana que los padres transmiten sin querer, las trifulcas familiares, los chantajes emocionales, etc. permanecen gravados a fuego en las mentes infantiles y las consultas de los psicólogos están llenas de adultos que arrastran estos traumas y otros peores durante toda su vida.

Este tipo de cosas son las que están en el núcleo de la crisis de la f1212266589_familia actual y van mucho más allá de otras cuestiones morales cuya solución debería ser buscada en primer lugar por equipos de moralistas en diversas partes del mundo, antes de esperar una solución jurídica emanada directamente del Papa. Estos estudios enriquecerían así la teología y la vida de la Iglesia. El magisterio sería entonces última palabra, colofón en lugar de primera de la cual hacer después exégesis.

Lo que está en el fondo de la crisis de la familia no son los “modelos” de familia. Lo que está en el fondo de la crisis de la familia es la falta de familia, la falta de valores, la falta de fe y la falta de agallas para reconocer que, incluso aquellos que decimos creer en Cristo, vivimos como si no creyésemos.

[1] Desde la perspectiva colombiana puede leerse este interesante artículo que puede además servir de ejemplo para ver las dificultades a la hora de dar una solución universal a los problemas de las familias.

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